jueves, 20 de noviembre de 2014

“PALABRAS MAYORES” en Navalagamella

Recordad que os espero este sábado 22 de noviembre de 2014 a las 19:00 en Navalagamella. 



Torre del reloj. Navalagamella (Madrid) 

Puede ser una excursión muy agradable y una oportunidad de conocer un hermoso pueblo  de la  Ruta Imperial de la Comunidad de Madrid. 


Después de pasear las calles de Navalagamella, nos veremos a las siete de la tarde en el Centro Cultural Anabel Ochoa, donde el periodista José Manuel Ribeiro Feliú y yo os hablaremos sobre mi novela “Palabras mayores”.

 

 


Evocaremos esos dichos que hemos oído desde siempre a nuestro alrededor. Quizás se empezaron a usar al otro lado del mar, pero los defendemos como si solamente fueran nuestros.

Charlaremos sobre las palabras que los habitantes de Aguado gritaron antes de ahogarse y sobre sus trapos sucios; esos secretos que, al postre, no se pudieron callar y salieron a flote por encima de las aguas del pantano…


Luna mojada. Foto, Carmen Montalbán

Además de palabras, habrá música. Mi hijo, Andrés Poncela, interpretará un par de piezas al piano.



Andrés Poncela al piano. Foto: Carmen Montalbán

Antes de despedirnos, si lo deseáis, firmaré ejemplares de “Palabras mayores”.

Podréis adquirir el libro allí.
También podéis conseguirlo en Amazon,
en Esebook,
en La Libre de barrio (Calle de Villaverde, 4, de Leganés, Madrid. Teléfono 912 27 29 52),
o encargándolo en cualquier librería, pues se edita bajo demanda.

 


“A relucir”. Foto: Carmen Montalbán

lunes, 27 de octubre de 2014

Poesía en habitaciones separadas

Hace ya cuatro años que hablo de sus asuntos con el poeta
pero no mencioné jamás el DESAMOR.
¿Creen que lo había olvidado?

¡Más quisiera! 


Hoy,
aunque un tanto inquieta para andar con cuchillos en las manos,
reasumo el compromiso de hablar de muchas cosas.

Me remango, y al tajo;
a la herida;
al altar del amor que alguien cambió por odio
o por indiferencia.



“Altar en ruinas”. Foto: Carmen Montalbán


Eso es el desamor, según me han dicho.
Puro desierto.
Sed.
Una distancia amargamente inmensa
a la fresca fontana del ayer.

Recuerdo lo que un día me dijo mi paisano
Félix Grande.
Aquel hombre grandioso y gran poeta
me describió,
me acuerdo,
el hocico furioso
con que atacan y husmean las bestias mansas,
luego de haber perdido a su pareja.


“Ruinas”. Foto: Carmen Montalbán


Porque lo malo es,
precisamente,
eso: querer sin querer…
sin querer, seguir queriendo.

“¡Pobre del que se sienta al lado de quien quiso!
–me dijo García Márquez en otra ocasión–,
a sabiendas de que ya no podrá nunca
volver a tenerlo.”

¿Quién me obliga a evocar un sentimiento
que llena de escorpiones mi almohada?
¡Por favor!, ¿quién se empeña?

…Claro que sí:
el poeta.

Puede ser que, de puro modesto,
el autor de versos desdeñados
sea también un vanidoso inaguantable;
pero él sí vengará el amor perdido
con su actitud convexa.


“Ramos de novia”. Foto: Carmen Montalbán


El artista conoce el DESAMOR.
Ha sufrido en sus carnes ese ángel terrible
que lanza ráfagas de huracán
y destrucción
a las habitaciones separadas.

Él sí sabe cantarle al llanto del amante desolado;
ése que ya no puede
persuadir a su amada con palabras.
Un sufrimiento tal cae como un aguacero,
igual que caen las lágrimas del día.

El poeta,
abandonado y confundido,
balbuceará babélicas palabras.
Lo malo es que,
aunque gima en otro idioma,
todos entenderemos esos últimos versos
de dos que se querían
y que ya no se van a enamorar más nunca.

Seremos los demás los que ardamos de amor;
nos mire o no Cupido…
¿O no suenan ardientes ciertas voces
que no tocan el oído que buscaban?

Si oigo llorar al poeta,
lo que he sufrido hasta ahora y nada,
todo es nada.

Los poetas son así.
Amaron tiempo atrás,
pero hoy darán la vida y el alma a un desengaño.

Hoy, jugarán a irse.
Se alejarán a rastras,
mientras mudan de piel,
aunque también de médula.

Cerca del horizonte, 
el viento silbará tristes canciones 
en sus camisas muertas
y ellos se quedarán aún más vacíos por dentro.
De una a otra costilla, 
completamente huecos.


“Con la música a otra parte”. Foto: Carmen Montalbán

De lo que era su amor
no habrá más que un veneno de alacranes,
un tatuaje de humo
y, en regiones esquivas,
un corazón deshecho.


*He empleado para este recorte versos y fragmentos de algunos de los poetas citados al final de mi entrada “Que tenemos que hablar de muchas cosas” y, además, he citado a Félix Grande, García Márquez y Jaime Sabines.

jueves, 2 de octubre de 2014

Transformaciones del piano


Darío Marcos Ruiz, Eduardo Galo Santos, Andrés Poncela y Margarita E. R. Kaminska

Esta mañana, mirando la foto de los cuatro pianistas que participaron en aquel Concierto Extraordinario, recordé lo que hablé a la salida con la profesora que lo organizó, Aranzazu Urteaga.



PROGRAMA  del Concierto del 20 de febrero de 2014 en el Museo de la Ciudad de Móstoles,

Anochecía ya cuando abandonamos el Museo de la Ciudad, felices de haber escuchado tan buena música. Teníamos los coches cerca del Conservatorio Rodolfo Halffter. Arancha y yo hicimos juntas aquel camino. A pesar del frío, nos paramos en plena calle, para charlar un rato. Al amparo del puesto de castañas, me confesó que estaba emocionada con los progresos de aquellos cuatro chicos. La escuché conmovida, porque mi hijo era uno de los cuatro. Arancha fue la profesora de Piano de Andrés durante todos sus Estudios Elementales y casi todos los Profesionales.

Ahora que mi hijo está a punto de cambiar de etapa, quiero dejar constancia de que también él habla de ella a menudo; siempre con gratitud y con cariño. Me consta que atesora para toda su vida conocimientos y recuerdos muy valiosos de su primera profesora. Arancha le ha enseñado casi todo lo que sabe de Piano hasta ahora (técnica y música). Atenta y vigilante en cualquier situación, es buena  pedagoga, exigente pianista, atinada psicóloga, maestra comprensiva... Supo conectar con mi hijo, a pesar de su timidez. Nadie como ella habría sido capaz de transformar el sufrimiento escénico de Andrés en sus inicios en una gran felicidad al piano. Es una suerte y un privilegio de los alumnos del Rodolfo Halffter contar con profesores tan espléndidos…

Aquella noche invernal, Arancha y yo salimos del Concierto impresionadas con “La tempestad” y con las demás obras del programa. Soplábamos castañas a la vez que hablábamos, para calentarnos la boca y las manos. Hace muy poco tiempo, aquellos cuatro músicos eran unos niños. El crecimiento de los alumnos deja a los profesores indefensos. El tiempo pasa de puntillas; siempre nos coge desprevenidos.  Gracias a la música, hablábamos felices aquel día de todo ello. Agarradas a nuestros cucuruchos de castañas asadas, describimos unos dedos que hace poco no abarcaban una octava y que ahora se deslizan tempestuosos sobre el piano y se ramifican amenazadores encima de las teclas, como relámpagos derramados.

Ayer: hoy siempre. Foto: Carmen Montalbán

Cada uno de esos músicos había crecido en frente de su piano. Había enseñado a sonar al instrumento la vez que aprendía de él. Los cuatro recibieron a la música soñando. Eran niños y, como tales, dominaban un súper poder. ¿Y qué habían aprendido del piano mientras sus dedos crecían y se adaptaban a él, como camaleones de la música? Precisamente, creo, habían aprendido a sentir en sus carnes la capacidad de transformación del piano.

Esta idea se me ocurrió hace poco rato, tras rehacer el programa de aquel concierto y releer unas palabras de Alfred Brendel que me dan la razón.

Darío, Eduardo y Margarita

“El piano es un lugar de transformación. Cuando  el pianista así lo desea, el piano permite sugerir la voz humana en el canto, el timbre de otros instrumentos, la orquesta, el arco iris, las esferas. Esa capacidad de transformación, esa alquimia, es nuestro mayor privilegio”.

Me reencontré con esta cita en una revista digital preciosa y rebosante de destellos: “HYPÉRBOLE. Intersecciones creativas”.   La vi en la sección DESTELLOS. QUÉ ESCUCHAR. El artículo se titulaba “El piano” y pertenecía a un joven bloguero [Santiago Galán (Toledo, 1989)] que, además de estudiante de Ingeniería de Caminos, lector, cinéfilo, fotógrafo y poeta, fue, durante algún tiempo, estudiante de piano.

Se nota que Santiago admira el arte en cualquiera de sus formas y que el conejo blanco que persigue se llama Estética. Cito ahora sus propias palabras para explicarme a mí misma, de paso, las sensaciones que viví en el concierto que estoy relatando.

Andrés Poncela

“Es muy difícil imaginar qué hubiera sido de la música sin la aparición del piano, el artefacto resonador más poderoso, el instrumento total. Poseedor del espectro de registros  más amplio y del don de la polifonía, puede hacer coincidir en el tiempo las cavernosas notas profundas con las cristalinas de la parte superior, las naturales de la octava central con las más cantábiles de su alrededor. Con diez digitaciones a disposición de un sinfín de toques, no tiene límites en cuanto a su universo expresivo, puede defender solo cualquier  pieza, hacer de servicial soporte a melodías de otros instrumentos, concentrar en su teclado a toda una orquesta, dar rienda suelta a las improvisaciones jazzísticas más atrevidas”. 
(“El Piano”. REVISTA HYPÉRBOLE. Santiago Galán).

Ver más: Los Conciertos del curos 2013-2014

jueves, 25 de septiembre de 2014

Entrevistada en ViveLibro: "Palabras Mayores” es como una "novela de cuentos"

A continuación, trascribo la entrevista que la editorial ViveLibro ha publicado hoy en su blog.

Enamorada de los libros, la lectura y, sobre todo, admiradora de la tradición oral. Que a Carmen Montalbán le apasiona escribir lo demuestran sus tres obras, la última -'Palabras Mayores' (viveLibro), es un paseo por la tradición, por aquellos cuentos, historias y dichos que se han ido transmitiendo de generación en generación. Os dejamos con la entrevista a nuestra autora donde nos descubre algunos secretos de su obra 'Palabras Mayores'.



Foto: Alfredo Zazo

ViveLibro (V): ¿Qué has querido transmitir con tu libro Palabras Mayores?
Carmen Montalbán (CM): En cada capítulo de “Palabras mayores” he intentado narrar la historia que hay detrás de algún dicho (dichos que hablan de los dichos y de las maneras de decir las cosas). Muchos son los cuentos que se han escrito basados en la tradición oral; sin embargo, los capítulos de mi libro, aunque puedan parecer relatos independientes, forman parte, finalmente, de una historia conjunta, esta novela. 'Palabras mayores' es algo así como una… “novela de cuentos”.

V: ¿Qué idea quieres que se quede el lector cuando acabe de leer tu libro?
CM: Me gustaría que se hubiera divertido mucho; que presintiera los dos ambientes que he intentado crear (el legendario y el moderno); el eco sumergido de las cosas antiguas en la actualidad; la voz de cada uno de los narradores; el placer de ir descubriendo quién mató a quién y de qué manera…

V: ¿Qué quieres destacar de los personajes de tu libro?
CM: Que ninguno es inocente. En casi todos los capítulos el narrador es el culpable de la muerte de alguien. Su víctima será el asesino-narrador del capítulo siguiente y tendrá una víctima distinta. Todos tienen su piedra en la mano. He hundido Aguado para esconder cadáveres… Es la razón fundamental del título. El dicho “Eso sí que son palabras mayores” se emplea para
 dar a entender que lo que se acaba de decir es más grave e importante de lo que parece; más profundo, más oculto...

V: ¿Y cuáles son los móviles de sus crímenes?
CM: Ahí está lo bueno: las palabras… Esperanza Aguado quiere una denominación para sus vinos; Olalla la Chichimeca, un apellido para su hija; Diego Caracol, un nombre
 para “el Otro”; Pero Grullo, alguien con quien hablar, aunque él únicamente diga perogrulladas…

V: ¿Cuál de esos personajes es tu favorito?
CM: Estoy enamorada de México, así que me quedo con las dos mexicanas que vienen a España la víspera de San Juan, a empezar una vida nueva. Me gusta, especialmente, la madre, Olalla la Chichimeca. Es la más femenina de todas, pero también la más vitalista y enérgica… 

V: Es tu tercer libro, ¿Con cuál de los tres te quedas?
CM: Todos han tenido su momento. Sacar 'La casa del manzano', el primero, fue una sensación maravillosa; por ser el primero y por ser “primeriza” yo. El segundo fue la primera historia juvenil (para todos los públicos) que escribí, y estuvo ligado a un maravilloso viaje al Sahara. Me sorprende, en relación con el primero, la larga vida que ha tenido y que sigue teniendo. Todavía me lo piden en algunos colegios
 para estudiar el Alzheimer, las relaciones intergeneracionales, el pueblo saharaui, los valores… Además, me encanta el libro que logró Kalandraka, es precioso (gracias especialmente a las ilustraciones de Pilar Millán). Una delicia. Pero 'Palabras mayores' es mi último libro editado; el “bebé”, y estoy muy orgullosa de él. Así pues, lo mimo más y soy con él más protectora que con los anteriores. … Es lo que suele pasar al principio; luego, todas tus obras merecen el mismo respeto y centras la atención en proyectos futuros… Ley de vida, supongo.

V: ¿Por qué cuentas historias, Carmen?
CM: Cuento historias porque sentí la tensión de las voces de los mayores que me contaron historias a mí y a otros niños y niñas de mi pueblo. Porque vi el brillo de los ojos de mis amigos, mientras los ancianos nos narraban sus “batallas” de viva voz. Les oí hablar, y decidí que yo quería estar en el lado de los que narran, intentando causar (en mi caso, por escrito) el mismo efecto… Desde entonces, tampoco yo puedo callarme… ni debajo de agua… Y no me refiero a hablar en público (eso se me da fatal), sino en el papel.

V: ¿Por eso escribes, Carmen?
CM: Bueno, sí… y por la magia. Recuerdo que una vez, de niña, al inicio
 de algún curso de EGB, me pidieron en la escuela una redacción para el día siguiente. Mis vacaciones. Dos folios. En la vida me había visto en tal aprieto. Conseguí que mi hermana mayor la hiciera por mí; supongo que pagando un alto precio (hacer camas o fregar platos). De pie, frente a mi pupitre, leí en voz alta lo que me habían escrito. Hablaba de una maleta de cartón que había sobre mi armario y describía sus esquinas desconchadas. Estuve a punto de aplaudirme a mí misma mientras leía… A mi hermana. Estaba impresionada con la corporeidad de mi maleta. Porque, que yo supiera, nunca la había tenido… ¿O sí? Llegué a dudarlo. Cuando llegué a mi casa, me sorprendió que la maleta no estuviera encima del armario. Pero ya era mía… Desde entonces viajo sin salir de casa (con sólo abrir un libro)… Y “fabrico maletas” (esto último es metáfora). 

V: ¿No es un riesgo, hoy en día, escribir una historia que, sin ser histórica, emplee frases que salen de leyendas antiguas? 
CM: Si el autor lo hace bien, la literatura siempre huele a nuevo… Salvo que se pretenda lo contrario, claro. Creo que el escritor tiene que jugar con la realidad para que esa realidad, por gastada que esté, no parezca un trasto viejo. Ese es el poder de una maleta mágica: resplandece más con las esquinas rotas... El protagonista de una narración puede
 haberse levantado en el mismo sitio y a la misma hora de todos los días; puede buscar sus zapatillas debajo de la misma cama de siempre, pero lo hará de forma que no aburra al lector con su rutina. Si el lector se identifica con él, le ayudará a buscar sus zapatillas. Se pondrá en su lugar y empezará a tantear en las baldosas, pero temiendo que no encontrará un zapato, sino un agazapado cocodrilo. Ese ha sido mi hándicap en 'Palabras mayores': encontrar cocodrilos al acecho, serpenteando en las aguas del Aguado.

lunes, 22 de septiembre de 2014

¿Qué tal el nuevo Grado?

El curso en el Conservatorio empezó hace una semana. Mis hijos ya han confeccionado sus horarios y han recibido sus primeras clases, pero yo todavía tengo por aquí, sin archivar, las fotografías del curso anterior.



Es perdonable, claro, pues el verano me pilló desfallecida y tuve que emplear mis energías en soplar dientes de león… por otros campos.

Ya he resurgido. Vengo con una agenda literaria bajo el brazo y la intención de hacerle un poquitín de caso. Pero, antes de aceptar mis deberes nuevos, alimentaré mi álbum de RECORTES con imágenes del curso que acabó. Así es como he recordado hoy, con tres meses de retraso, el Acto de Graduación.

Programa del Acto de Graduación de la XIV Promoción de Alumnos del Conservatorio “Rodolfo Halffter”

Se celebró el 20 de junio en el Conservatorio Profesional de Música Rodolfo Halffter, de Móstoles.

Mirando aquellas fotos, han vuelto a mi memoria las bellas palabras de Mateo Lorente –el Director– y del alumno Javier López de la Manzanara. Igual que aquella tarde, he sentido emociones cuyos signos se iban dando la vuelta (de la nostalgia a la alegría; de la risa a la pena) cada pocas palabras… De repente, aquellos chicos, que ya habían dejado escapar alguna lágrima, estallaban en una carcajada escuchando el relato de momentos buenos y regulares que rememoraba su amigo Javier…



Cada curso se va mucha gente estupenda ¡Cómo pasan los años! Por fortuna, el asomo de tristeza en el público se apagó en seguida. La actuación del grupo de percusión Pratumtumtupa (formado por alumnos del Conservatorio) fue muy excitante. Ya sé que eso de esperar únicamente potencia pura de un grupo de percusionistas era un prejuicio mío. Les confieso que cuando miré el programa preparé mis oídos como para un carnaval. Pues no; nada de eso. Bajo la dirección del profesor Alberto Román, interpretaron un Concierto para marimba y orquesta de Ney Rosauro que me pareció originalísimo; en ocasiones, hasta vaporoso. Muy bien la actuación del solista, Jerónimo Morales Calle. Le sacó sonidos muy bonitos de su marimba. ¡Qué instrumento tan bello, por cierto! Me imaginé escuchándolo en un apacible jardín japonés.



Hoy quería saludar a los graduados. Espero que, en sus nuevas andaduras, todo les salga a pedir de boca. A Jerónimo, a Javier, a Margarita, a María… a todos los compañeros de la Decimocuarta Promoción de Alumnos del Rodolfo Halffter. 


Aquí quedan algunas de sus fotos. Adornan el papel de todos estos interiores míos, enmarcando unos recuerdos musicales muy queridos.


miércoles, 20 de agosto de 2014

"Palabras mayores" torna a la mar

El primero de agosto, una vez más, torné a Asturias. Torné a la mar. Había pescado buenos libros e iba dispuesta, como siempre, a bañarme en literatura.
Carmen Montalbán en El Bramadoiro, el verano pasado. 
Solo que este año, además, traía bajo el brazo “Palabras mayores”, mi propia novela. Gracias a la organización de Félix Berdiales, la presenté en la Casa Antón de Cuerres el dos de agosto, en medio de un mar de amigos de la peña “TA DESPEJAO PA LA MAR” y de otros muchos asturianos.
Fernando Fernández, Carmen Montalbán y Rubén González, director de ViveLibro. Foto: José Manuel Soto
Era tal la densidad de amigos por metro cuadrado, que no me sentí intranquila ni un instante… Lo que también fue mérito, supongo, de Fernando Fernández Tamargo, que presentó el acto. Fernando es un gran lector y tiene muchas tablas en clubes de lectura. La primera crítica literaria de “Palabras mayores” la había firmado él esa misma mañana (sábado 2 de agosto de 2014), en el periódico LA NUEVA ESPAÑA. Aquí les dejo el recorte.

El entusiasmo con que Fernando describió su lectura de “Palabras mayores” dejó en el aire de Casa Antón un buen puñado de las promesas que ofrece el libro y, entre los asistentes, muchas ganas de abrirlo y empezarlo a leer. Gracias Fernando: una siempre sueña con lectores así.
Daniel Poncela. Fotos, José Manuel Soto
Las dos piezas de Sarasate que interpretó al violín mi hijo, Daniel Poncela, (Capricho vasco y Malagueña) sirvieron para que el acto fuese incluso más fluido, alegre, hermoso… El éxito de Dani en Cuerres me reconfortó. También a él se lo agradezco…
La Capitana. Foto: José Manuel Soto
Y, ¡claro está!, asimismo animó la fiesta la peña entera, que cantó nuestro himno, La Capitana, para cerrar el acto y dar paso a las firmas, la sidra y los cánticos.

Después de un inicio de vacaciones tan feliz como el que os cuento (aunque este año hayan sido vacaciones recortadas por los recortes), se entenderá que el último día me pillara por sorpresa. Lo pasé un tanto mustia, más aguada que Aguado; a la luz de termitas luminiscentes y de un silencio que me obligaba a canturrear La Capitana yo solita. Si torno a la mar, ye pa ser capitán; que nun ye vida, esta de mariñán… Echar algo de menos durante todo el año para que, no bien aparezca, se esfume en un par de semanas…
En fin, que esto nun ye vida.
Ahora tengo que dejaros para deshacer maletas y leer un rato. Sigan disfrutando de hermosas lecturas, bella música y buenas compañías durante el resto del verano.
Podréis adquirir vuestro ejemplar de “Palabras mayores” en Amazón, en Esebook, en La Libre de barrio (Calle de Villaverde, 4, de Leganés, Madrid. Teléfono 912 27 29 52), o encargándola en cualquier librería, pues se edita bajo demanda.

Y ya me despido que, como dice un amigo asturiano, para volver hay que marchar.



Guadamía. Foto, Carmen Montalbán

miércoles, 30 de julio de 2014

“PALABRAS MAYORES” en Casa Antón, Cuerres

Recordad que os espero en Cuerres (Ribadesella, Asturias) este sábado, 2 de agosto de 2014, a las 20:30 horas. 


Nos veremos en Casa Antón y hablaremos sobre mi última novela, “Palabras mayores”.

Libélula 1. Foto, Carmen Montalbán
Aguado, el pueblo en que transcurre la historia, acaba sumergido tras la construcción de una presa. Sus humedades están inspiradas en las frondosas orillas del río Guadamía, al que tanto amo.

Libélula 2. Foto, Carmen Montalbán
“Palabras mayores” está dedicada a la peña cultural de amigos asturianos "TA DESPEJAO PA LA MAR", a la que pertenezco, con la que comparto momentos felices de muchos veranos. ¿Qué mejor lugar, pues, para presentaros mi obra?
“A los brazos abiertos de la peña asturiana TA DESPEJAO PA LA MAR. Porque “La Capitana” despeja el cielo cuando viene lloviendo”.

Y, puesto que también está dedicada a mi amiga María Dolores Encina (profesora de Orquesta y de Violín), además de palabras acerca de “Palabras mayores”, habrá música. La interpretará con su violín mi hijo, Daniel Poncela.
Al final del acto, firmaré ejemplares y os ofreceremos una copita de vino o un culín de sidra.
Ahora tengo que dejaros para hacer la maleta. Hasta el sábado, pues. Os espero en Casa Antón.

Daniel Poncela y Carmen Montalbán en Asturias, el verano pasado
Podréis adquirir allí vuestro ejemplar de “Palabras mayores”.
También podéis conseguirlo en Amazón,
en Esebook,
en La Libre de barrio (Calle de Villaverde, 4, de Leganés, Madrid. Teléfono 912 27 29 52),
o encargándola en cualquier librería, pues se edita bajo demanda.



Guadamía. Foto, Carmen Montalbán